Agricultura sustentable: prácticas y retos en el sector mexicano

La agricultura sustentable es un enfoque cada vez más urgente en México, dada la presión sobre los recursos naturales y el cambio climático. Según la FAO, para que la agricultura sea sostenible debe satisfacer las necesidades alimentarias actuales y futuras “y al mismo tiempo garantizar la rentabilidad, la salud ambiental, y la equidad social y económica”​. Esto implica que las prácticas agrícolas deben ser productivas y rentables, a la vez que conservan el medio ambiente y mejoran la calidad de vida de las comunidades rurales.

Los desafíos ambientales actuales –escasez de agua, erosión de suelos, pérdida de biodiversidad y emisiones de gases de efecto invernadero– hacen evidente la necesidad de transformar los sistemas agrícolas. Por ello, la sustentabilidad en México se orienta a:

  • Conservación de recursos hídricos: uso de sistemas de riego tecnificados (aspersión localizada, riego por goteo) que optimizan el agua aplicada. Agricultores de zonas áridas implantan sensores de humedad para regar sólo cuando es necesario, reduciendo hasta 40% el consumo de agua.
  • Manejo integrado de plagas: se procura usar biopesticidas y control biológico (bacterias benéficas, insectos útiles) en lugar de agroquímicos, protegiendo la biodiversidad en el campo. Por ejemplo, la lucha contra plagas en el cultivo de cebolla y brócoli se ha orientado a estos métodos sostenibles.
  • Suelos saludables: rotación de cultivos y abonos orgánicos (compost, biofertilizantes) para mantener la fertilidad a largo plazo y reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos. Las prácticas agroecológicas incluyen siembras de cobertura para evitar la erosión en épocas de lluvias intensas.

En el aspecto social y económico, la sostenibilidad también implica que los agricultores obtengan ingresos justos. En México, muchas empresas –incluida Agrícola Agua Nueva– establecen colaboraciones con pequeños productores, asegurando precios justos y apoyando programas de capacitación. Esto genera cadenas de suministro más resilientes y comunidades rurales más fuertes. Asimismo, se promueven certificaciones de comercio justo (Fair Trade) y de bienestar laboral para que la agricultura beneficie directamente a los trabajadores del campo.

Las políticas públicas mexicanas y los objetivos internacionales de desarrollo sostenible (ODS) fomentan prácticas sustentables. Existe un impulso gubernamental hacia la agricultura orgánica y el uso de energías renovables en granjas (paneles solares para bombeo de agua, por ejemplo). Las inversiones en investigación para desarrollar nuevas tecnologías —como sistemas de climatización pasiva en invernaderos o sensores de predicción climática— también forman parte de los proyectos a futuro.

En conclusión: una agricultura verdaderamente sustentable en México debe equilibrar producción rentable con la conservación ambiental y el bienestar social. Tal como indica la FAO, sin cambios profundos no es posible “alcanzar un nivel de producción que satisfaga nuestras necesidades con una base de recursos naturales ya agotada”​. Adoptar prácticas agrícolas responsables garantiza la seguridad alimentaria a largo plazo y el cumplimiento de los estándares internacionales, asegurando que el sector agroalimentario mexicano siga siendo competitivo y respetuoso del entorno.

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